
¡Cuánta emoción! ¡Qué triunfazo! La Selección Nacional dio una clase de básquet, coraje y juego de equipo para lograr una inolvidable medalla de bronce que se festejó como el oro de Atenas.
¡Cuánta emoción produce ver a
Chapu Nocioni en una pierna jugando 36 minutos como si fuera una cuestión de vida o muerte!
¡Cuánta emoción fue ver la consagración definitiva de
Carlos Delfino!
¡Cuánta emoción que sentimos con cada acción de
Pablo Prigioni, que nos hizo dar cuenta que la base estaba en manos de un fenómeno!
¡Cuánta emoción verlo a
Manu Ginóbili vivir el juego con una intensidad tremenda y recibir de su sucesor la pelota del partido!
¡Cuánta emoción provocaron las tapas de
Fabricio Oberto, nuestro valuarte defensivo!
¡Cuánta emoción que nos dio al ver a
Luis Scola jugar el torneo como para estar en el quinteto ideal!
¡Cuánta emoción nos da confirmar que
Paolo Quinteros es un jugador de primer nivel internacional!
¡Cuánta emoción que sentimos los amantes de la Liga Nacional al ver a
Leo Gutiérrez, el símbolo de nuestra competencia, romperla en la final!
¡Cuánta emoción tenemos los puntaltenses al tener a nuestro hijo adoptivo,
Román González, jugando un partido definitivo!
¡Cuánta emoción para
Fede Kammerichs,
Antonio Porta y
Juan Gutiérrez, integrantes de un plantel que quedará en la memoria de todos!
¡Cuánta emoción ver a
Sergio Hernández cerrarle la boca a todos sus detractores, con una dirección técnica de lujo!
¡Cuánta emoción al estar entre los tres mejores del mundo!
Por todo esto, a la Generación Dorada sólo queda decirle ¡¡¡Gracias Totales!!!
