
La poca capacidad rebotera, la estrepitosa cantidad de pérdidas, el nulo recambio en la base, el ataque desordenado, la floja defensa, la falta de ritmo de algunos jugadores, la gran cantidad de faltas técnicas y fouls antideportivos, y el poco aporte ofensivo del juego interior son demasiadas deudas que la Selección debe saldar cuanto antes, si se quiere volver a pelear por una medalla.
Todavía queda tiempo para mejorar, pero los márgenes de error se achican cada vez más. Hernández debe tomar las riendas del equipo porque, hoy por hoy, se ve a los jugadores muy descontrolados.
Lo positivo de estos encuentros fue la ratificación de Quinteros como un jugador apto para el nivel internacional, la mejoría de Delfino en lo que a puntería se refiere y el mejoramiento (leve, pero mejoramiento al fin) de la defensa con la presencia de Oberto.
Pareciera que la recuperación de Ginóbili va a ser clave, mucho más de lo que fue en torneos anteriores.
Con vistas al 10 de agosto, habrá que redoblar el trabajo y replantearse el rumbo que está tomando la Selección. Queda (poco) tiempo, pero también hay mucho, muchísimo, por mejorar...